'Busqué de Dios y viví la experiencia'

Por Marga Parés Arroyo

Mpares@elnuevodia.com

Tras enviarle un corto texto telefónico a su esposa avisándole lo que estaba ocurriendo y comunicarse brevemente con la embajada americana en México, le removieron su teléfono celular y todas sus pertenencias. Entonces pasó la noche en las oficinas del Interpol en la capital mexicana y a la noche siguiente dos policías mexicanos fuertemente armados lo trasladaron en una guagua hasta Jalisco en una travesía de ocho horas en las que, según confiesa, temió por su vida.

Durante todo ese tiempo, Placer se preguntaba insistentemente qué era lo que había hecho para ser detenido.

El galeno estuvo un año y cinco días preso bajo la acusación de "robo calificado y fraude criminal" en hechos de los cuales, durante todo el proceso, insistió ser inocente. En esencia, se le acusaba de haber robado unas máquinas de $365,000 a un ciudadano mexicano llamado Armando Pelayo, dueño de una empresa de fabricación y venta de tejas.

En 2007 ambos habían acordado establecer un negocio similar en la Isla. Según Placer, a pesar de múltiples gestiones realizadas, incluyendo un préstamo del Banco de Desarrollo Económico que lo ayudó a comprarle las máquinas a Pelayo, no logró establecer la fábrica, aunque le liquidó la deuda al mexicano por transacciones electrónicas.

Tras cerrar este capítulo, cinco años más tarde Placer fue detenido en México y recluido en una modesta prisión en la ciudad de Chapala del estado de Jalisco, donde permaneció más de 365 días preso sin la oportunidad de defenderse de las acusaciones en su contra.

"Fue muy difícil, días de mucho sufrimiento, sobre todo para mi familia. Me costó trabajo aceptar lo que estaba pasando", recordó Placer en entrevista en El Nuevo Día acompañado de su abogado, el licenciado Jorge Pierluisi, quien gestionó desde la Isla su representación legal en México.

Las condiciones eran paupérrimas. Una celda con cinco pequeñas camas donde algunos tenían que dormir en el piso pues acomodaban hasta a diez personas. Dos uniformes por persona que debían lavar ellos mismos en un rústico lavamanos justo al lado del inodoro tipo hoyo donde hacían sus necesidades. Una rutina que comenzaba a las 6:15 a.m., cuando los levantaban, y que culminaba a las 10:00 p.m., cuando les apagaban las luces. Pero, sobre todo, la separación de su esposa mexicana María del Pilar Soria Garibay y sus tres hijos: Pili (11), Maru (9) y Manolito (5).

"Esperaba salir en un mes, pero poco a poco conocí el caso más...

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