El proceso de Angel Nieves: semejanzas a la obra de Kafka y el divorcio entre la Ley y la Justicia

AutorNancy E. Rivera Rivera
CargoEstudiante de cuarto año de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.
Páginas273-298
273 Revista CLAVE Tomo 3, 2007-2008
EL PROCESO DE ANGEL NIEVES: SEMEJANZAS A LA OBRA DE KAFKA Y
EL DIVORCIO ENTRE LA LEY Y LA JUSTICIA
Nancy E. Rivera Rivera
I. Introducción:
Dice la leyenda de Franz Kafka Ante la ley” que había un centinela haciendo
guardia ante la ley y un buen día llegó un hombre a rogarle que lo dejase entrar. El
centinela le dijo que no podía permitirle pasar en ese momento. El hombre creyó
entender que era posible que le dejase más tarde, y así se lo preguntó: “Es posible le
replicó el centinela-, pero en este momento no.” El centinela se separó unos pasos y
volvió a situarse junto a la entrada que permanecía abierta. Entonces el hombre
aprovechó esto para entrar la cabeza y mirar hacia dentro. El centinela, que observó lo
que hacía se sonrió y le dijo: “Si estás tan ansisoso por entrar, puedes hacerlo aunque
está prohibido; pero considera que soy poderoso, aunque soy el más insignificante de los
centinelas. En cada estancia que atravieses, tropezarás con centinelas que van teniendo
más poder; a partir de la tercera ni yo mismo puedo resistir sus miradas.”
“El hombre no creía que la ley pudiese establecer tantas dificultades, Pensaba que
la ley debía estar abierta a todos aquellos que pudieran necesitarla. Pero a medida que
miraba al centinela con más atención, enfundado en un largo abrigo de piel, con su larga
nariz y su no menos larga barba, cortada a lo turco, optó por esperar a que le permitiera
entrar. El centinela le cedió un banquillo y le hizo sentarse al lado de la puerta. Estuvo
allí muchos años. Muchas veces pretendió entrar y para ello rogó incansablemente al
centinela. Éste en ocasiones lo torturó somentiéndolo a largos interrogatorios, le hizo
preguntas sobre su país: ¿cómo son allí las costumbres? ¿como viven los grandes
Estudiante de cuarto año de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.
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señores? pero siempre le dió la misma respuesta negativa, diciéndole que no podía
entrar. El hombre que previendo que su viaje podía ser muy largo, llevó consigo toda
clase de provisiones y no escatimó con regalar al centinela todo lo mejor que tenía
pretendiendo de esa manera predisponerlo a su favor. Éste aceptó todo sin titubear, pero
le manifiestó que aceptaba todo para que no se turbara suponiendo que el no obsequiarle
de una manera adecuada fuera la causa de que no accediera a dejarle entrar. Durante
largos años de espera no cesó de observarle y no prestó ninguna atención a los otros
centinelas, pues creía firmemente que era éste el causante de su infortunio. Los primeros
años se quejaba amargamente de su suerte; después y a medida que pasó el tiempo, fue
envejeciendo y se redujo a gruñir amargamente sin moverse de su rincón. Retornó a la
infancia, y al estar tantos años allí conoció una por una las pulgas que habitaban en el
cuello de piel del centinela. Apeló hasta a ellas para que le convencieran de que le
dejaran pasar.
Llegó a ser muy anciano y sus ojos no perciben si es de noche o de día. No veían
más que tinieblas. Pero repentinamente vió brillar en medio de las tinieblas una luz que
se coló por entre las puertas de la ley. Su vida estaba a punto de extinguirse. Sintiéndose
morir, se agolparon en su memoria toda clase de recuerdos de su existencia pasada.
Destacándose entre todos, surgió una pregunta que nunca se había hecho. Ya no podía
ponerse en pie. Le suplicó al centinela que se le acerara. Este accedió, pero tuvo que
agacharse mucho, ya que la edad había disminuido la estatura del hombre y ahora se
diferencian mucho. “¿Que es lo que quieres saber?, le preguntó el centinela. En el estado
en que te encuentras, ¿todavá te importa algo? Entonces el hombre le replica, y son sus
últimas palabras: “Todos las personas quieren acceder a la le y. ¿Qué explicación tiene

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