Prólogo

AutorYanira Reyes Gil
PáginasXIII-XVIII

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La Revista de Estudios Críticos del Derecho, CLAVE, nació para proveer un espacio de reflexión multidisciplinario de pensamiento libre y crítico al Derecho. CLAVE tenía como propósito expreso explorar las formas en que los estados, las leyes y otras fuerzas y discursos sociales afectan a los sujetos. Estos sujetos vistos como cuerpos nacionalizados, ubicados desde una perspectiva de género, racializados y sexuados. CLAVE entonces se presentaba como un espacio para discutir no solo el poder sino las resistencias. Después de más de una década, puedo felizmente afirmar que la revista continúa siendo este espacio importante de debate y los artículos incluidos en este volumen lo demuestran.

Estos artículos nos obligan no solo a pensar en sus contenidos específicos, que discutiré más adelante, sino también a pensar en nuestra labor como profesoras, profesores, estudiantes, trabajadores y trabajadoras al fin de la academia. Entiendo que estas categorías no son sinónimo y requieren análisis distintos. Las profesoras y profesores, por un lado, tenemos la ardua tarea de transmitir conocimiento. Pero aún en ese ámbito, que a primera instancia podría resultar simple, se requieren compromisos. Me decía uno de mis profesores cuando le comenté que aspiraba a convertirme en profesora algún día, que este trabajo es el más sencillo si se hace de manera mediocre y el más complicado si se asume con responsabilidad. Porque nos enfrentamos todos los días al dilema de cómo asumir la tarea. La profesora o profesor puede dedicarse solo a transmitir conocimiento o puede, por otro lado, crearlo. La creación de conocimientos desde las aulas requiere por un lado, el acercamiento crítico a la materia y por otro lado, la construcción de espacios democráticos y de rupturas jerárquicas dentro del salón de clases. Este de por sí sería, de entrada, una tarea importante para la consecución de un mundo más justo o al menos un mundo algo más divertido.

No obstante, la profesora/or también tiene otras esferas de trabajo. En algunos casos, como el mío, se asumen labores administrativas. En este ámbito en el que me encuentro, siempre recuerdo a Mafalda cuando decía: “Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Y es que las urgencias nos persiguen y dificultan la labor, que entiendo, es la realmente académica. Aquí otro de los dilemas: a qué tipo de trabajo académico dedicamos el tiempo y esfuerzo.

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Dice bell hooks (importante escritora y feminista) que el trabajo académico que se realiza en el ambiente universitario está confinado por las demandas institucionales y profesionales, que requieren cumplir normas, objetivos, currículos, prontuarios, assessment, evaluaciones, notas, comités. Requiere aprender un lenguaje compartido y performativo que se aleja en muchas ocasiones del trabajo intelectual1.

Las profesoras y profesores de Derecho estamos particularmente limitados por las exigencias de la especialización de materias (constitucional, administrativo, familia, penal) y además por lo que se considera el trabajo académico “valioso”, tanto en temas como en foros. El trabajo del profesor o profesora de Derecho suena de cierta forma, se organiza de cierta forma y se publica en ciertos foros (entiéndase el tratado o la revista jurídica). No obstante, cuando ese trabajo sale de los confines universitarios y es pertinente para un mayor número de gentes y grupos, cuando transgrede y afecta, entonces podemos hablar de un trabajo intelectual. Por lo tanto, y como penoso resultado, el trabajo intelectual de la estudiante de Derecho también suele medirse con esa misma vara, el artículo de revista jurídica que logra ser publicado, se ve, se lee, se fundamenta y se organiza de la misma forma.

Aquí entonces nos enfrentamos a otro dilema, de qué tipo de...

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