Vertederos por la libre

Por Gerardo E. Alvarado León

galvarado@elnuevodia.com

El encantador paisaje verde, matizado por el sonido del agua y los pájaros, se desluce cuando un vertedero clandestino aparece en el camino.

Acumulaciones -pequeñas y grandes- de todo tipo de desperdicios, en su mayoría reciclables, dan cuenta de que algo no anda bien.

Desde el año 2010, la corporación de educación y conservación ambiental Madre Tierra Atabey ha identificado 50 vertederos clandestinos en la cuenca hidrográfica del río Guayanilla.

Esa cantidad podría considerarse exorbitante, toda vez que el río Guayanilla apenas mide 15 millas desde que nace al noroeste del barrio Jagua Pasto hasta su desembocadura. Dicho en otras palabras, los vertederos clandestinos en esta zona se distribuyen a razón de tres por milla.

No existen estadísticas oficiales sobre vertederos clandestinos en Puerto Rico, reconoció la nueva presidenta de la Junta de Calidad Ambiental (JCA), Laura Vélez Vélez.

"De manera cierta, no se sabe (cuántos vertederos clandestinos hay en la Isla)", dijo Vélez Vélez a El Nuevo Día.

La funcionaria admitió que la JCA "fiscaliza" los vertederos clandestinos solo si existe una querella.

Ante la falta de estadísticas y considerando los 50 vertederos clandestinos identificados en la cuenca hidrográfica del río Guayanilla, el panorama, a nivel isla, no es alentador.

Un vertedero clandestino puede definirse como un lugar que, sin consideraciones ambientales, es escogido por una o más personas para depositar sus desperdicios sólidos. Generalmente, se crean en depresiones naturales (riscos, cuencas hidrográficas, etc.), parajes solitarios, estructuras abandonadas y solares baldíos. Empero, un vertedero clandestino situado en plena ciudad o en un patio o solar privado es igualmente peligroso.

Aquí -y quizás en el resto del país-, los desperdicios que más abundan son los electrónicos, el plástico, el aluminio y los neumáticos usados. No obstante, también se observan muebles, piezas de autos, ropa, zapatos, y hasta inodoros.

Emmanuel Vázquez, fundador y director de Madre Tierra Atabey, indicó que estos desperdicios afectan tanto al ambiente como a la salud.

Los electrónicos, por ejemplo, contienen metales como plomo, mercurio, cadmio y níquel, que pueden liberarse al agua y llegar a los sumideros y al subsuelo. Pueden contaminar los acuíferos, una importante fuente de agua.

Sobre el plástico, Vázquez comentó que es el desperdicio "más amenazante", ya que por ser tan liviano...

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