Prefacio

Autor:Dra. Ruth E. Ortega-Vélez
Páginas:11-12
 
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En Puerto Rico, la entrada de la mujer al mercado de trabajo ha sido un promotor potencial de los cambios ocurridos en la sociedad y en la familia desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente. Desde fines de la década del cuarenta, el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico ha estado produciendo datos del grupo trabajador. Desde ese período hasta el presente, la muestra ha sido revisada después de los censos de 1960, 1970, y 1980. Han sido dramáticos los cambios ocurridos entre 1960 y 1980. Las estadísticas recopiladas reflejan que más de la mitad de los empleos generados por la economía puertorriqueña en los últimos treinta años fueron ocupados por mujeres.

La mujer ha venido aumentando su participación en la fuerza laboral; de modo que, de un total de 922,000 personas empleadas en la actualidad, el 37.8% pertenece a la fuerza laboral femenina. De ese total, el 32.9% se refiere a mujeres casadas. Quiere decir que,1 alrededor del 32.9% de mujeres puertorriqueñas confrontan en la actualidad el problema de la doble tarea, que viene a representar una carga de trabajo adicional al de su labor extra doméstica. Y es que, luego de una jornada completa de trabajo asalariado, se espera que la mujer cumpla con las demandas que como ama de casa, esposa y madre se espera de ella. Tratar de cumplir con las exigencias de ambos roles, según Adeliza Rodríguez, conlleva un gran esfuerzo y puede llevar a la mujer a la frustración y a peligrosos niveles de tensión. Ambas tareas2 les exige mucho esfuerzo, incluso físico y mucho valor moral, ya que sus obligaciones maternales y de ama de casa continúan en gran parte inmutables.

Además, en algunos matrimonios los estereotipos tradicionales de los sexos generan una considerable tensión por el papel que tiene que desempeñar el hombre ayudando en tareas a las cuales no está acostumbrado. Muchas veces no quiere comprender que el trabajo

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extradoméstico de su esposa cambia a su vez la economía de la familia.

Muchas familias de la clase trabajadora o de la clase media se acostumbran a unos parámetros de vida que sólo son posibles con dos salarios. De otra manera, sin ese salario extra de la esposa, la familia no podría tener una casa propia, dos autos, equipos electrónicos o vacaciones familiares.

Mediante el trabajo extra doméstico, la mujer ha conseguido, no sólo una liberación doméstica, sino también una liberación moral —la mujer se ha vuelto menos dependiente de su...

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